lunes 30 de marzo de 2020
En tiempos de contagio: un libro insólito en un momento insólito

En tiempos de contagio, el primer libro que sale a la venta sobre el Covid-19 cuando apenas comenzamos a sentir sus estragos. El libro que se escribió en un mes y se lanzó el 26 de marzo en formato digital lo escribe Paolo Giordano (Turín, 1982) desde una Italia devastada por el virus. El escritor alcanzó una fama considerable a los 26 años gracias a su best-seller "La soledad de los números primos", que, además, ganó el premio Strega en 2008.

Es el primer documento literario publicado sobre estas semanas de desconcierto y confinamiento. “Un libro insólito en un momento insólito”, dice su autor.

El autor describe su día a día mientras el virus se convierte en plaga, pero también se apoya en su formación científica, es licenciado en física teórica, para analizar una pandemia que “no es ni un mero accidente, ni una calamidad ni, ante todo, una novedad: ha ocurrido otras veces y seguirá ocurriendo.

Quizás Giordano ya haya visto cosas que nosotros no sabemos -especialmente en España, que sigue la estela pandémica de Italia. Quizá él haya alcanzado reflexiones más profundas, más lúcidas, más inspiradoras y edificantes. Es lo que uno desea creer antes de abrir un libro: que va a salir cambiado de ahí.

El testimonio de Giordano es tan valioso como el de cualquier ciudadano medio con un grado razonable de discernimiento.

Estos son algunos apartes del libro:

Se pregunta el autor:

¿Cómo detener el contagio de una vez por todas? Con una vacuna. ¿Y si no existe?. Con más paciencia. Los epidemiólogos saben que la única manera de frenar la epidemia es reducir el número de Susceptibles. Su densidad debe mermar hasta que el contagio se vuelva improbable. Es necesario alejar las canicas entre sí: cuando los choques disminuyan, la reacción en cadena se interrumpirá.

Debemos resistir el tiempo que haga falta: la única vacuna disponible consiste en una forma bastante incómoda de prudencia.

Así pues, la epidemia nos anima a pensar en nosotros mismos como parte de una colectividad; nos obliga a hacer un esfuerzo que simplemente no haríamos en una situación normal: reconocernos inextricablemente conectados a los demás y tenerlos en cuenta en nuestras decisiones. En tiempos de contagio somos parte de un único organismo; en tiempos de contagio volvemos a ser una comunidad.

Así pues, lo que hacemos o dejamos de hacer durante el contagio no nos afecta únicamente a nosotros: ésa es una de las cosas que me gustaría recordar cuando todo esto haya acabado.

Nadie es una isla. Nadie, en efecto: si las relaciones entre seres humanos se representaran con trazos a bolígrafo, el mundo sería un único y gigantesco garabato. En 2020, hasta el ermitaño más estricto tiene su cuota mínima de conexiones. Vivimos, por decirlo de forma matemática, en un grafo enormemente interconectado. Y el virus corre por los trazos de bolígrafo hacia cada rincón.

"Nadie es una isla": aquel trillado verso de John Donne adquiere hoy un significado nuevo y oscuro.


Adaptado de: www.elespanol.com


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