viernes 23 de abril de 2021
Dios es un creativo, no un controlador

Este libro pondrá patas arriba el mundo de las especies elegidas de líderes. Porque McKinsey y sus amigos hicieron sus cálculos de eficiencia y recetas para el éxito sin gente. 

Si Moisés hubiera venido del monte Sinaí con diez tablas de Excel, la historia de la humanidad habría sido diferente. Cualquiera que le pida a su pareja una entrevista anual, incluido un acuerdo de objetivos, poco antes de Navidad, sentirá la diferencia entre la teoría y la práctica de primera mano.

Los líderes en su constante búsqueda de la eficacia se la juegan toda a la carta de los números y dejan completamente en un segundo plano a las personas a su cargo, quienes funcionan en realidad mucho mejor cuando se les alimenta utilizando la pasión y no tanto el control emanado de los números contantes y sonantes.

Esta es la tesis que sostiene Frank Dopheide en el libro Gott ist ein Kreativer, kein Kontroller (Dios es creativo, no un controlador), publicado recientemente por la editorial alemana Econ.

Desde el punto de vista de Dopheide los directivos harían bien en apartarse del dios del control para abrazar la fe de la creatividad, aplicando los mandamientos que presentamos a continuación:

1.  Comprenderás los números y amarás a las personas.

Los jefes se centran a menudo en el triángulo formado por crecimiento, aumento de la eficacia y beneficios. Se olvidan, que las personas son quienes más peso tienen en la consecución del éxito.

2.  No dejarás que te ciegue la experiencia. 

Las experiencias que los jefes acumulan a lo largo de los años no son necesariamente teleobjetivos que les presten auxilio a la hora de aventurarse a lo que hay en el horizonte. Tales experiencias son a menudo un arma de doble filo.

3.  Amarás lo ilógico tanto como lo lógico

Dejarse guiar invariablemente por la lógica no tiene en realidad ningún sentido. Hacerlo implica actuar como un sistema de navegación que sigue siempre la misma ruta. A veces para seguir hacia adelante conviene refugiarse en los brazos de lo ilógico.

4.  No confundirás lo óptimo con lo máximo

El "homo optimus" se rige por una monocultura totalmente artificial en la que la eficacia lleva indiscutible la batuta. Quienes confunden lo óptimo con lo máximo están abocados a ahogarse en el diluvio universal.

5.  Celebrarás y apoyarás lo diferente

La diversidad hace definitivamente morder el polvo a la uniformidad. Al fin y al cabo, las grandes mentes no piensan todas igual.

6.  Liberarás tu pensamiento del punto y coma

La comunicación es un instrumento absolutamente esencial para los jefes y no debería ser algo a lo que se sientan obligados por estar supuestamente a expensas de múltiples riesgos. Un buen directivo debe propugnar la comunicación fluida y directa.

7.  Tendrás visiones

Las posibilidades tecnológicas han aumentado hasta el infinito y más allá el poder de la imaginación de los humanos de carne y hueso. Quienes invierten en el poder de la imaginación (humana y no humana) llevarán las riendas del futuro.

8.  Serás creador, no «outsourcer»

Los buenos líderes se guían por la creatividad en todo lo que hacen y se esfuerzan por traer al mundo algo nuevo revestido de verdadero valor.

9.  Otorgarás sentido a la cotidianeidad del día a día

Los dos días más importantes de nuestra vida son el día en el que nacemos y el día en que descubrimos para qué hemos venido realmente al mundo. Las empresas y las personas que han descubierto sus respectivos objetivos en la vida crecen juntas y se retroalimentan las unas a las otras.

10.  Serás una persona

Las personas confían en las personas, no en emails, tarjetas de visita y títulos. Razón de más para que los jefes sean visibles y accesibles. La confianza acaba convirtiéndose, en último término, en cierto sentido de la intimidad.


Adaptado de: www.ullstein-buchverlage.de/nc/buch/details/gott-ist-ein-kreativer-kein-controller-9783430210522.html


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